El viernes, frente a la fábrica de Tridonex en Matamoros, un grupo de trabajadores esperaba apáticos bajo unas estructuras improvisadas. Algunos estaban de pie. Otros, sentados. La mayoría buscaba sombra para protegerse del sol.
Había sillas plegables, mochilas y termos llenos de café o agua. Pequeños grupos se turnaban por turnos. No había pancartas ni cánticos. Ni música ni gritos. Lo que prevalecía era la espera.
Llevan haciéndolo desde el 26 de enero, cuando se interrumpieron las operaciones en las plantas 52, 53 y 60 de Tridonex en Matamoros.
Los empleados, consternados, que afirman haber perdido repentinamente sus puestos de trabajo y el acceso a sus ahorros vinculados a la empresa, han estado protegiendo los activos de la empresa mientras esperan una audiencia de conciliación que determinará su futuro.
Esa vista está prevista para el lunes.
Turnos largos y agotamiento acumulado
A medida que pasan los días, el número de trabajadores que vigilan la planta ha disminuido. Para hacer frente al agotamiento físico y emocional, los empleados se han organizado en turnos de ocho horas. Algunos se encargan de las mañanas; otros pasan la noche allí. El resto intenta encontrar trabajos temporales o fuentes alternativas de ingresos, sin dejar de mantener su presencia en la planta.

Crédito de la foto | Anayancy Ulloa
El Rio Grande Valley Business Journal habló con los empleados destinados allí el viernes por la mañana. Aunque algunos estaban dispuestos a hablar oficialmente, la mayoría lo hizo bajo condición de anonimato. Les preocupa que expresarse públicamente pueda perjudicar sus futuras oportunidades laborales.
«Es muy agotador, pero también tenemos que encontrar la manera de llevarnos algo a casa», dijo un trabajador con seis años de experiencia a sus espaldas.
Durante las dos primeras semanas, los trabajadores recibieron pagos parciales por algunos de los días que trabajaron. Sin embargo, ahora el futuro es incierto.
«La principal preocupación es el sueldo. Un juicio puede durar años, y no podemos permitirnos quedarnos sin hacer nada, sin trabajar», afirmó.
Estructura y marco jurídico
La vista del lunes es clave para determinar si la empresa podrá llegar a un acuerdo amistoso con los trabajadores o si se verán obligados a entrar en una fase de litigio formal, según ha declarado su representante legal, la abogada laboralista Susana Prieto Terrazas.
Prieto viajará a Matamoros el miércoles para reunirse con los trabajadores.
Mientras tanto, la mayoría de los empleados han decidido mantenerse unidos y seguir adelante con una reclamación laboral colectiva, liderada por los representantes sindicales de SNITIS.
La semana pasada comenzaron a recopilar la documentación necesaria —recibos de nómina, datos personales y expedientes laborales— por si el proceso de conciliación no tuviera éxito.
Pragmatismo en medio de un proceso prolongado
Entre los trabajadores reina la incertidumbre, pero también prevalece un enfoque pragmático respecto al proceso legal. Aunque el objetivo es obtener la indemnización íntegra prevista por la ley, algunos reconocen que aceptarían un pago parcial si ello les permitiera cubrir sus necesidades inmediatas mientras buscan otro puesto de trabajo.
«Sabemos que lo justo sería el 100 %, pero si eso no es posible y nos ofrecen incluso el 50 %, muchos de nosotros lo aceptaríamos», afirmó otro trabajador. «Un juicio puede durar años, y no podemos permitirnos quedarnos sin trabajo».
Otros empleados coincidieron en que, dada la dificultad para encontrar trabajo en otro lugar y la presión económica diaria, un acuerdo parcial podría suponer una alternativa temporal mientras se aclara su futuro laboral.
No he recibido ninguna comunicación de la empresa
Andrea Zúñiga, empleada del área de componentes importados, cuenta con casi 15 años de antigüedad en Tridonex. Se incorporó a la empresa el 8 de septiembre de 2011 y ha ocupado el mismo puesto a lo largo de toda su trayectoria profesional.

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Según explicó, desde que se suspendieron las operaciones, los trabajadores no han recibido ninguna información directa por parte del departamento de recursos humanos ni de los directivos de la empresa.
«No se han puesto en contacto con nosotros ni nos han explicado qué está pasando», afirmó, señalando que sus representantes legales han intentado ponerse en contacto con la empresa sin éxito.
Zúñiga explicó que, en las últimas semanas, los pagos han sido parciales y no reflejan el salario completo. Aunque cuenta con el apoyo económico de su marido, señaló que muchos de sus compañeros de trabajo dependían por completo de esos ingresos.
«Hay personas con hijos en edad escolar y gastos fijos que no dejan de acumularse. La situación es muy difícil», afirmó. «Lo único seguro que tenemos ahora mismo es esperar a ver qué se decide».
Zúñiga afirmó que los trabajadores han hecho cálculos aproximados de a cuánto podría ascender su indemnización por despido en función de sus años de servicio. En su caso, con casi 15 años en la empresa, estimó que la suya sería de unos 17 000 dólares, pero subrayó que se trataba solo de una estimación aproximada.
«Es solo una estimación. No pedimos más de lo que es justo según la ley», afirmó.
Largas carreras profesionales, un cierre inesperado
Salvador Miranda González, de 51 años, se incorporó a Tridonex el 1 de junio de 2009. A lo largo de los últimos 16 años, fue ascendiendo desde su puesto de operario general hasta llegar al área de preparación de piezas para los clientes, un proceso que él mismo describió como altamente especializado y exigente.
Miranda González afirmó que, aunque la empresa había reducido notablemente el material y había realizado ajustes operativos en los últimos años, nadie había previsto una situación como la actual. Según explicó, en épocas anteriores, cuando se paraba una línea de producción, se reasignaba a los trabajadores a otras áreas para mantener las operaciones en marcha.
«Nunca pensamos que acabaría así», dijo. «Estamos a la espera de que nos digan qué va a pasar. No podemos anticiparnos a algo que aún desconocemos».
La edad, el mercado laboral y el miedo al rechazo
La incertidumbre afecta más a los trabajadores de más edad.
Eva Manríquez, de 52 años y con ocho años de antigüedad en el área de los sellos, afirmó que ha decidido esperar al resultado del lunes antes de buscar otro trabajo.

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«A esta edad, ya no es lo mismo salir a buscar trabajo», dijo.
Lidia Hernández Martínez, de 60 años, trabajó durante casi siete años como encargada de la gestión de materiales, suministrando equipos y materiales de seguridad a distintas áreas.
En los últimos años, se dio cuenta de que la empresa había empezado a limitar la cantidad de material de seguridad que repartía.
Aun así, hasta ahora no se había preocupado por la estabilidad laboral. Pero ha tomado una decisión definitiva.
«No voy a buscar otro trabajo. Me voy a jubilar», dijo. «Pensaba quedarme aquí hasta el final».
Solidaridad entre compañeros de trabajo
Alejandro Ullua Rosales, que trabajó durante 12 años en el área de tornos y reparaciones, decidió montar un pequeño punto de avituallamiento donde sus compañeros de trabajo puedan encontrar comida, agua o aperitivos durante sus turnos fuera de la planta.
«Todo esto es para apoyar a los compañeros que están aquí montando guardia», afirmó.
Su familia cuenta con varias fuentes de ingresos, pero dos de sus hijos aún están en el colegio, lo que supone una carga económica adicional.
José Antonio Alonso Cabrera, de 43 años, que trabajó nueve años en el área de almacenes, afirmó que los trabajadores siguen acudiendo cada día porque creen que está en juego el sustento de muchas familias.
«Estamos a la espera de una resolución o una propuesta, ya sea para recuperar nuestros puestos de trabajo o para recibir una indemnización por despido», afirmó.
El estigma laboral y la urgencia económica
Varios trabajadores afirmaron que, cuando intentaron solicitar empleo en otras maquiladoras, al parecer fueron rechazados tras mencionar que trabajaban en Tridonex o que estaban afiliados a un sindicato.
«Solo te preguntan dónde trabajabas y a qué sindicato pertenecías, y ahí se acaba la entrevista», dijo un trabajador.
Otro trabajador dijo que podría esperar a que comenzara la vista antes de solicitar otros puestos de trabajo. Es el único sustento de su familia y tiene un bebé.
«Los gastos no cesan: pañales, leche, comida, medicinas. Ahora mismo no hay ingresos, todo es un gasto», afirmó.
Asistencia limitada
Durante estas semanas de espera, el ayuntamiento ha proporcionado comida a los trabajadores que realizan los turnos de mañana. Es una ayuda que agradecen, pero reconocen que es insuficiente dada la magnitud del problema.
Las autoridades laborales estatales también se han puesto en contacto con los trabajadores para inscribirlos de cara a posibles vacantes, aunque hasta ahora no se ha concretado ninguna contratación.
«Aunque intentes mantenerte fuerte, a veces te desanimas», dijo el trabajador. «Pero no voy a rendirme. Tengo una familia que depende de mí».
Cierre de la planta

Crédito de la foto | Anayancy Ulloa
Las esperanzas de que la planta volviera a abrir se desvanecieron tras un mensaje difundido por su abogada laboralista, Prieto Terrazas. Les comunicó que no hay ninguna posibilidad de que Tridonex reanude sus operaciones en Matamoros.
La representante sindical afirmó que el proceso laboral en México sigue en la fase de conciliación y señaló que solo se podrán presentar demandas laborales formales una vez que se haya agotado dicha fase. Añadió que cualquier repercusión derivada del proceso de quiebra en Estados Unidos solo sería posible si los trabajadores obtuvieran primero una resolución favorable de los tribunales laborales mexicanos.
«La quiebra en Estados Unidos no tiene nada que ver con la reapertura de vuestros puestos de trabajo. Se han cerrado; vuestro trabajo ha terminado», les dijo a los empleados.
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