Es posible que la principal incógnita en torno a la revisión del Acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA) ya no sea si este pacto comercial sobrevivirá.
La cuestión es si los fabricantes obtendrán la seguridad que necesitan para seguir invirtiendo a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.
Si Estados Unidos, México y Canadá no logran alcanzar un acuerdo para prorrogar el pacto comercial durante el proceso de revisión de 2026, la incertidumbre en torno a las inversiones en el sector manufacturero podría prolongarse durante años, según Jorge Torres, presidente de Interlink Trade Services.

«El T-MEC no desaparecerá si no se llega a un acuerdo este mes de julio», afirmó Torres.
Torres afirmó que existe una gran confusión en torno a la denominada «cláusula de caducidad» del acuerdo, el mecanismo de revisión incorporado al pacto comercial que entró en vigor en 2020.
«Es necesario realizar revisiones anuales», afirmó.
La revisión que se lleva a cabo cada seis años tiene por objeto determinar si el acuerdo se prorrogará por otros 16 años a partir de 2036.
«Lo ideal sería llegar a un acuerdo para prorrogar esos 16 años adicionales durante esta revisión de la cláusula de caducidad», afirmó Torres.
Sin embargo, considera que las recientes reuniones entre México y Estados Unidos, junto con las negociaciones adicionales previstas en Washington, apuntan a que las conversaciones podrían prolongarse más allá de 2026.
Incertidumbre en materia de inversión
Para los fabricantes que operan en el Valle del Río Grande, Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo y la cadena de suministro norteamericana en general, la mayor preocupación es la incertidumbre.
Torres advirtió de que las revisiones anuales podrían seguir influyendo en las decisiones de inversión y expansión mucho después de que finalice el actual período de revisión.
«Las empresas no pueden tomar decisiones si no se prorroga el acuerdo y no se modifican las normas», afirmó. «Eso genera incertidumbre».
Torres señaló que sectores como el automovilístico y el metalúrgico se enfrentan a un entorno especialmente complicado, ya que las negociaciones del T-MEC se desarrollan en paralelo a otras conversaciones sobre aranceles, requisitos de contenido regional y otras restricciones comerciales impulsadas por Estados Unidos.
«En sectores como el metalúrgico y el de la fabricación de automóviles, la situación es muy compleja», afirmó.
Esta incertidumbre se produce en un momento en el que los mercados industriales fronterizos, como el de Reynosa, han registrado un aumento de la tasa de desocupación industrial y se han retrasado algunos proyectos, mientras las empresas esperan tener más claridad sobre el futuro del acuerdo comercial.
La administración de Trump pretende endurecer las normas sobre contenido regional
Torres afirmó que, tras el regreso del presidente Donald Trump al cargo, se esperaba de forma generalizada un enfoque más estricto en materia de política comercial.
«Su política consiste en atraer más industria, más inversión y más producción a Estados Unidos», afirmó.
Torres prevé que uno de los temas centrales de la revisión del T-MEC será el aumento de los requisitos de contenido regional en sectores manufactureros de importancia estratégica.
«Habrá un mayor uso de contenidos de valor regional, sobre todo procedentes de Estados Unidos», afirmó.
Torres afirmó que algunas normas de origen vigentes, que actualmente se basan en clasificaciones arancelarias, podrían acabar adoptando requisitos más estrictos en materia de contenido regional.
Estos cambios podrían obligar a los fabricantes a abastecerse de más piezas y materiales dentro de Norteamérica, en lugar de depender de proveedores de Asia y otras regiones.
Al mismo tiempo, Torres señaló que este cambio podría generar oportunidades para México.
«Eso obligará a las empresas —incluidas las extranjeras, las chinas, las asiáticas y las europeas— a establecer plantas de materias primas y de insumos en la región», afirmó.
Añadió que México seguirá siendo una pieza clave de la red industrial de América del Norte.
El reto para México
Torres afirmó que las negociaciones van más allá de los aranceles y las normas de origen.
También se espera que Estados Unidos plantee cuestiones relacionadas con las infraestructuras, la burocracia, la seguridad, las condiciones laborales, el sistema judicial y la disponibilidad de agua.
«México va a tener que hacer un gran esfuerzo a nivel interno», afirmó.
Torres afirmó que uno de los principales objetivos de México será garantizar unas condiciones arancelarias que sigan siendo más favorables que las de que disponen los países competidores.
«La clave está en negociar unas condiciones arancelarias más favorables para México que para otros países, de modo que el país siga siendo competitivo y se mantenga la inversión», afirmó.
«Las reglas del juego van a cambiar»
Aunque Torres cree que seguirá existiendo algún tipo de integración comercial en América del Norte, advirtió que el resultado final sigue siendo incierto.
«Nadie tiene una bola de cristal», dijo.
Aun así, espera que las relaciones comerciales entre los tres países se mantengan.
«Sí, habrá continuidad», afirmó Torres, «pero las reglas del juego van a cambiar».
Para los fabricantes y los inversores de la frontera entre Estados Unidos y México, esa puede ser la conclusión más importante.
La incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC ya no se limita a lo que suceda en 2026. Se trata de si las empresas contarán con la seguridad a largo plazo necesaria para tomar decisiones de inversión que, a menudo, abarcan décadas en el futuro.
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