La economía de México no solo se está desacelerando, sino que está perdiendo la capacidad de crecer al ritmo que lo hacía antes, según un nuevo análisis que señala un debilitamiento de la inversión y una base cada vez más reducida para la expansión futura.
Ese cambio podría transformar las inversiones a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, especialmente en centros industriales como Reynosa, donde el crecimiento depende de nuevas fábricas, y no solo de las ya existentes.

«México no solo se enfrenta a una desaceleración económica a corto plazo, sino también a una reducción estructural de su capacidad de crecimiento a largo plazo», afirmó Gabriela Siller, directora de análisis económico del Banco BASE, una entidad con sede en México especializada en mercados de divisas, pagos transfronterizos y análisis económico.
El análisis, presentado el jueves, sostiene que la cuestión no es solo el rendimiento actual, sino hasta qué punto la economía puede crecer de forma realista en el futuro.
México comenzó el año 2026 con una caída del 0,77 % en el producto interior bruto (PIB), es decir, el valor total de los bienes y servicios producidos. Al mismo tiempo, se registraron descensos en los sectores de la agricultura, la industria manufacturera y los servicios.
Eso ocurre muy pocas veces. Es un indicio de debilidad en toda la economía.
El techo de crecimiento está bajando
Siller afirmó que la capacidad de crecimiento a largo plazo de México está disminuyendo, lo que, en la práctica, reduce el límite de velocidad de la economía.
Antes de 2018, México registraba un crecimiento medio anual de alrededor del 2,2 %. En las condiciones actuales, parece cada vez menos probable que se alcance ese nivel.
Los factores determinantes son de carácter estructural: la inversión ha disminuido, el sector informal es muy amplio, la productividad es baja y los retos institucionales están minando la confianza.
Esos factores se refuerzan mutuamente.
Una menor inversión implica menos expansiones. Esto limita la creación de empleo formal, reduce los ingresos y debilita el gasto, lo que conduce a un crecimiento más lento.
La tendencia ya se aprecia.
La inversión ha disminuido durante 17 meses consecutivos y sigue estando casi un 10 % por debajo de su nivel máximo, lo que limita la capacidad nueva que está generando la economía.
El gasto en infraestructuras públicas también está disminuyendo. A principios de 2026 se redujo un 44,9 % con respecto al año anterior, lo que merma las bases necesarias para el crecimiento futuro.
El «nearshoring» no genera suficiente capacidad
México sigue atrayendo inversión extranjera a medida que las empresas se acercan a Estados Unidos.
Pero el destino de ese dinero está suscitando inquietudes.
En 2025, México recibió 40 870 millones de dólares en inversión extranjera directa. Solo el 18 % se destinó a nuevos proyectos. El resto correspondió a beneficios reinvertidos o transferencias internas.
Eso significa que gran parte del capital no se destina a la creación de nuevas fábricas, a la adquisición de maquinaria ni a la expansión.
A finales de 2025 también se produjo una desinversión de 5.000 millones de dólares, una salida neta que agrava las tendencias de inversión, ya de por sí débiles.
Para regiones fronterizas como Reynosa, esa distinción es fundamental.
El crecimiento depende de los nuevos proyectos. Sin ellos, la expansión se ralentiza.
La presión se está extendiendo por toda la economía
El mercado laboral refleja esa tensión.
Alrededor del 54,8 % de los trabajadores ocupan puestos de trabajo informales: más de la mitad de la población activa desempeña funciones de menor productividad que contribuyen menos a la producción total.
Al mismo tiempo, cada vez hay menos personas con empleos formales, y algunas abandonan por completo el mercado laboral. Esto frena el crecimiento de los ingresos y limita el gasto.
Siller también señaló que el consumo se está debilitando y depende cada vez más del crédito —especialmente de las tarjetas de crédito— en lugar del crecimiento de los ingresos, lo que aumenta el riesgo de que los hogares se vean en dificultades.
Las remesas también están perdiendo poder adquisitivo. La inflación y la apreciación del peso hacen que el dinero enviado desde el extranjero rinda menos.
El sector manufacturero, uno de los principales motores de crecimiento de México, está empezando a perder impulso.
Las exportaciones siguen creciendo, impulsadas en gran medida por los equipos informáticos. Sin embargo, el Banco BASE ha advertido de que es posible que este crecimiento no se mantenga sin nuevas inversiones destinadas a construir más fábricas y ampliar la producción.
Ese cambio es fundamental para la economía fronteriza.
El crecimiento dependerá menos de producir más con las fábricas existentes y más de atraer nuevas fábricas.
El Banco BASE estima que la economía de México crecerá alrededor de un 1 % en 2026.
El impulso temporal que suponga la Copa del Mundo de la FIFA de 2026 podría suponer una ligera mejora. Sin embargo, no cambiará las limitaciones subyacentes.
Para la región binacional de Reynosa-McAllen, esto no es un colapso. Es un nuevo comienzo.
El comercio sigue adelante. La industria sigue adelante.
Pero el crecimiento depende ahora de algo que, según muestran los datos, no existe: nuevas fábricas y expansión.
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