Reynosa quiere combatir la contaminación del agua con cáscaras de huevo
Las cáscaras de huevo desechadas recogidas a través del Proyecto MADRE se recogen antes de ser transformadas en material para biofiltros. Crédito de la foto | Anayancy Ulloa
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Lo que normalmente acaba en la basura después del desayuno podría convertirse en una herramienta para abordar uno de los retos medioambientales más complejos de Reynosa: la contaminación de las aguas residuales que, finalmente, llega al Río Grande.

That is the premise behind Proyecto MADRE — an acronym for Mejoramiento del Agua mediante Regeneración Ecológica (Water Improvement through Ecological Regeneration). 

Los asistentes escuchan una presentación sobre el Proyecto MADRE y sus iniciativas para convertir los residuos de cáscara de huevo en biofiltros para aguas residuales en Reynosa.
Los responsables del proyecto presentan la iniciativa a las maquiladoras.
Crédito de la foto | Anayancy Ulloa

Se trata de una iniciativa impulsada por Rotary Reynosa Centenario que tiene como objetivo transformar las cáscaras de huevo en biofiltros naturales capaces de reducir los contaminantes presentes en los desagües y los sistemas de aguas residuales de toda la ciudad.

La química Bertha Arizpe Cepeda, directora del proyecto, explicó que el equipo ya ha identificado cuatro puntos de intervención en Reynosa donde, en última instancia, tienen previsto aplicar el material procesado.

«Tenemos cuatro puntos. En cada uno de ellos, aplicaríamos 130 kilogramos (286,6 libras) de cáscara de huevo a la semana. Todavía estamos muy lejos de lo que necesitamos», afirmó durante una presentación ante representantes del sector industrial.

A pesar de las campañas de sensibilización y de los puntos de recogida instalados en los colegios de Reynosa, el proyecto solo ha logrado recoger aproximadamente 184 kilogramos (405,7 libras) de cáscaras de huevo en los últimos dos meses y medio.

La iniciativa se presentó recientemente a los miembros del Comité de Ayuda Mutua del Parque Industrial Villa Florida, presidido por Amalia González Trigos y compuesto por 35 empresas maquiladoras, como parte de una estrategia para involucrar al sector industrial en la campaña de recogida.

«El agua que utilizamos vuelve más contaminada»

El Proyecto MADRE se centra en reducir la contaminación de las aguas residuales que fluyen por las alcantarillas, las redes de saneamiento y los canales abiertos antes de desembocar finalmente en el Río Grande.

«El Río Grande es prácticamente la única fuente de agua dulce que tenemos en esta región», explicó Romero López. «El problema es que el agua que utilizamos vuelve más contaminada de lo que estaba cuando llegó».

Durante la presentación, los coordinadores explicaron que una parte importante de las aguas residuales de Reynosa no se trata completamente antes de llegar a las masas de agua conectadas al río.

«Las plantas de tratamiento de aguas residuales no tienen capacidad para tratar toda el agua», explicó Arizpe Cepeda. «Gran parte de ella acaba en los desagües y, finalmente, llega al Río Grande».

La especialista afirmó que ha pasado los últimos cinco años supervisando el estado del río y observando un aumento constante de los contaminantes.

«Cada día el agua está más contaminada, a pesar de que contamos con más tecnología y más plantas depuradoras», afirmó.

El modelo que Reynosa adoptó de Toluca

La metodología utilizada por el Proyecto MADRE se desarrolló originalmente en Toluca, en el Estado de México, donde surgió como una alternativa para hacer frente a la contaminación del río Lerma.

Según Romero López, el contacto se estableció a través de Rotary, lo que permitió replicar el modelo en Reynosa.

«La idea original del proyecto surgió en Toluca», explicó. «Son los únicos que nos han autorizado a reproducirlo aquí».

El coordinador explicó que ya existen aplicaciones a nivel comunitario en Toluca, donde se utilizan cáscaras de huevo trituradas para reducir la carga orgánica en los sistemas de aguas residuales domésticas.

Cómo las cáscaras de huevo se convierten en biofiltros

El proyecto utiliza el carbonato cálcico que contienen de forma natural las cáscaras de huevo para absorber los contaminantes presentes en las aguas residuales.

Dos voluntarios del proyecto vierten cáscaras de huevo en una trituradora que se utiliza para procesar el material destinado al Proyecto MADRE
Los voluntarios introducen cáscaras de huevo en un molino que las tritura hasta convertirlas en polvo.
Crédito de la foto | Anayancy Ulloa

«El carbonato cálcico actúa como una esponja», explicó Arizpe, químico. «Absorbe la grasa, los aceites, los fosfatos, los nitratos y la materia orgánica».

El proceso comienza con la recogida de cáscaras de huevo completamente secas en los puntos de recogida instalados en colegios y otras instituciones.

A continuación, el material se compacta y se tritura hasta convertirlo en un polvo fino mediante molinos adaptados por el propio proyecto.

«No se trata de crear un filtro físico», afirmó Romero López. «Es una forma biológica de depuración».

Las pruebas desarrolladas en Reynosa se llevan a cabo en colaboración con la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Reynosa (COMAPA), que ha prestado su apoyo al proyecto mediante el seguimiento y el análisis técnico.

«Llevamos casi dos años realizando pruebas», afirmó Arizpe Cepeda. «Los laboratorios acreditados nos han ayudado a llevar a cabo análisis físicos, químicos y microbiológicos».

Los estudiantes lideran una campaña de recogida

Desde febrero, el Proyecto MADRE ha llevado a cabo campañas de concienciación medioambiental en colegios públicos y privados de toda Reynosa.

Los miembros de la comunidad depositan cáscaras de huevo en un contenedor de recogida como parte de la iniciativa de reciclaje y mejora de la calidad del agua del Proyecto MADRE.
Los participantes depositan cáscaras de huevo en un acto de recogida.
Cortesía de | Proyecto MADRE

La iniciativa cuenta actualmente con al menos cinco centros de recogida en funcionamiento y está trabajando para añadir dos más. Entre los centros participantes se encuentran el Centro de Estudios de Tecnología Industrial y de Servicios n.º 71 (CETis 71), el CEBETIS 276, la Universidad del Atlántico y otros centros educativos de toda la ciudad.

Uno de los puntos de recogida más activos del programa ha sido el CETis 71, donde los alumnos han desempeñado un papel fundamental en la recogida de cáscaras de huevo y en la promoción de la iniciativa.

«Son ellos quienes impulsan el proyecto», afirmó Romero López.

Los organizadores afirman que cambiar los hábitos cotidianos sigue siendo uno de los mayores retos. El objetivo a largo plazo es animar a las familias a adoptar una nueva forma de pensar respecto a los residuos y la conservación del agua.

«Estamos sembrando una semilla para cambiar los hábitos», afirmó Arizpe Cepeda.

Un proyecto que se sostiene gracias al trabajo voluntario

Detrás del proyecto no hay ninguna gran estructura institucional ni financiación permanente.

Romero López —que es dentista de profesión— y Arizpe llevan a cabo gran parte del proyecto de forma voluntaria, dedicándole tiempo adicional fuera de sus responsabilidades profesionales.

En la actualidad, ambas entidades coordinan campañas de sensibilización, centros de recogida, recogida de cáscaras de huevo, operaciones de trituración y pruebas piloto en colaboración con la COMAPA de Reynosa.

El siguiente paso: involucrar al sector de las maquiladoras

Tras consolidar su fase inicial en los colegios, Rotary Reynosa Centenario pretende ahora ampliar el proyecto al sector de las maquiladoras de Reynosa.

El enfoque principal son los comedores industriales, motivo por el cual los coordinadores aceptaron la invitación de Amalia González, presidenta del Comité de Ayuda Mutua del Parque Industrial Villa Florida, donde representantes de las 35 empresas afiliadas informaron de niveles de consumo de hasta 3.000 huevos al día en algunas instalaciones.

Los coordinadores explicaron que el proyecto puede adaptarse a las necesidades logísticas de cada empresa y que el objetivo principal es evitar que las cáscaras de huevo acaben en la basura.

«Nosotros nos encargamos del proceso de trituración y de la entrega del material a la COMAPA», afirmó Romero López. «Lo único que pedimos es que algo que ya consumís no acabe convirtiéndose en residuo».

«¿A qué estamos esperando?»

Durante la reunión con las empresas de las maquiladoras, Arizpe ofreció una de las reflexiones más impactantes del evento.

Una mano sostiene material de cáscara de huevo finamente triturado sobre una bolsa de recogida durante el proceso de tratamiento del proyecto de biofiltro de aguas residuales del Proyecto MADRE.

Se prepara material a base de cáscara de huevo para utilizarlo como biofiltro natural. Crédito de la foto | Anayancy Ulloa

«Si ya tenemos un residuo doméstico que tiramos a la basura y podemos utilizarlo para reducir la contaminación del agua, ¿a qué estamos esperando?», preguntó Arizpe.

Esa afirmación resume el objetivo del Proyecto MADRE: transformar los residuos cotidianos en una herramienta medioambiental colectiva para hacer frente a uno de los mayores retos medioambientales de Reynosa.

La iniciativa también se ha presentado a Nohemí Alemán Hernández, secretaria de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Reynosa, así como a Ernesto Gómez, de la oficina de la Intervención Municipal.

El Club Rotario de Reynosa Centenario pretende ahora reunir a ciudadanos, centros educativos y empresas para ampliar una iniciativa que busca transformar los residuos domésticos en una solución medioambiental para Reynosa.


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